Artesania y Autonomía

27.04.2021

 La historia de la expresión popular es la historia de los marginados y la expresión popular siempre ha sido la identidad de los pueblos. Lamentablemente América fue conquistada y las culturas originarias de nuestros pueblos fueron casi exterminadas, pero la memoria es fuerte y las costumbres más, los saberes persisten gracias a que la cultura está viva y las personas rescatan, mantienen y comparten estas prácticas; de esta manera la cultura persiste, evoluciona y se renueva, y también, sobre todo en esta postmodernidad, se mezclan. Los humanos reconocemos y reinterpretamos lo que otros hacen y luego algunos expresan lo que aprendieron a través de algún medio y así el ciclo continua.

Los artesanos son los custodios de ese conocimiento que no cabe en un museo porque es cultura viva, alejado de la mirada academicista y mercantil que pretende homogeneizar y ordenar lo que por esencia es heterogéneo, caótico y libre, La artesanía se desarrolla fuera del ámbito de los valores modernos que promueve el capital y se mantiene sujeta a su forma de hacer y al entorno del que forma parte el artesano. Él necesita de su entorno, con él vive, de él obtiene su inspiración y su enseñanza; recrea y transmite historia, lo que ve, lo que aprende de su cultura y de su oficio. Se apropia y resignifica. Creando cultura que se replica en un ciclo incesante. Así la artesanía no solo expresa rasgos distintivos de la comunidad para darles valor y recrear su entorno y sus costumbres, sino que comparte esa experiencia de manera cotidiana en sus relaciones y en su trabajo, retroalimentándose de la respuesta de los otros. Cuando ese contexto no puede darse el artesano se extingue, volviéndose ésta vacía y desconectada de la comunidad, rompiendo el tejido social.

La artesanía no solo transmite conocimientos o historias sino también valores, ya que en su esencia se consideran las propias capacidades como una oportunidad para llevar una vida digna y plena. Tomar este camino implica una toma de posición existencial frente al peso de lo establecido y por lo tanto un acto político, ya que plantea una práctica distinta de la asociada con la competencia y el mercantilismo, alude a un buen vivir y nuestra relación con la naturaleza y a una vida armónica sustentada en valores éticos como alternativa al modelo actual de mercado que nos sofoca. La cultura globalizada mata la artesanía como destruye el pequeño comercio, no dejando espacio para que se desarrolle, cuando nos decía que lo que venía de afuera era mejor que lo hecho por nuestros vecinos o imitando la artesanía en productos elaborados industrialmente.

El artesano se resiste a entrar en la dinámica de mercado en la que pretenden encajarlo a fuerza, no es comerciante ni pretende serlo, solo ansia poder vivir de lo que sus manos crean y ofrecerlo ojalá sin intermediarios, no solo por las ganancias que pueda obtener de su trabajo sino también porque disfruta el compartir con los otros intercambiando no solo productos sino también historias, conversaciones y experiencias. No solo satisface su necesidad individual sino una colectiva; elaborando productos que hacen felices a los demás, ya sea porque son útiles o porque son hermosos. Y así como hemos establecido que no existe el arte sin artesanía, también podemos establecer que no hay cultura sin ella. Ya que es la prueba material de su existencia. Cuando el artesano vende no mercantiliza, porque cambia valor por valor, puede trocar, regalar y también vender a precio elevado el fruto de su esfuerzo porque es dueño y señor de lo que ha creado, sin embargo su objetivo no es vender sino hacer, por eso es capaz de transar, porque su deseo ya fue satisfecho al completar la tarea, la venta solo representa el orgullo de poder vivir de lo que se ama. La ética del artesano es clara, no hay mayor dignidad que vivir de lo que hacen nuestras manos ni mayor valor que la autonomía.